Tal y como si se tratara de la madriguera del conejo, cada vez nos adentramos más y más en una crisis global sin precedentes y sin una salida a la vista. Las predicciones no son buenas y los primeros intentos por contener la pandemia que hablaban de algunas semanas en aislamiento resultaron ser demasiado optimistas.

En este espacio de opinión siempre se habló del trabajo desde casa como una solución viable para los problemas del tráfico y el estrés cotidiano. El mundo era otro y los problemas antes de esta crisis si bien eran reales, se ven un tanto lejanos ya y estamos viendo ante nuestros ojos como se va moldeando una nueva realidad para quienes tengamos la oportunidad de sobrevivir esta pesadilla. Hoy en día el trabajo desde casa ya no es un lujo, ya no se trata de comodidad, se trata de sobrevivencia. Si nuestra empresa nunca anticipó la posibilidad de subsistir con su capital humano trabajando a distancia y conservando únicamente el personal estrictamente necesario en forma presencial y con las medidas sanitarias adecuadas, su subsistencia se verá comprometida.

Algo que de forma recurrente viene a mi mente son las imágenes mentales de cientos de historias de ciencia ficción que he leído a lo largo de los años. Es un género que se presta mucho a la imaginación y los mundos distópicos siempre han sido un tema popular entre los escritores de ciencia ficción. También vienen a mi mente imágenes de incontables videojuegos que para sorpresa de nadie también utilizan un mundo distópico. Si bien un mundo en crisis, una humanidad que se ve al borde de una enfermedad que le pone contra las cuerdas hacen una historia más entretenida, la realidad es que nunca hemos realmente considerado que pasaría si nos tocaba vivir un escenario remotamente similar y eso es lo que está sucediendo precisamente.

A ciencia cierta nadie sabe exactamente cómo saldremos de esto. La realidad ha superado a la ficción. Y a pesar de que no dudo de que finalmente logremos vencer este reto, veo en el horizonte un mundo transformado. El mundo nunca será igual, la humanidad nunca será la misma. El Covid-19 le ha demostrado al hombre que su existencia en este planeta es más frágil de lo que pensaba y que hay que replantear muchas cosas de aquí en adelante. Hemos construido nuestra propia distopia.