Hay vida más allá de escribir código

Hay vida más allá de escribir código
Photo by Andrew Neel / Unsplash

He escrito ad nauseum en los últimos años acerca de mi trabajo como desarrollador / ingeniero de software. Es después de todo la inspiración original para la creación de este blog. Y es por ello también que ha disminuido notablemente la cantidad de publicaciones que hago por acá en el último año. Algo tan difícil de imaginar hasta hace algunos años se ha vuelto una realidad: hay vida más allá de escribir código.

Es natural que cuando nos enfrascamos en nuestros roles de desarrollador se nos olvida por completo que somos una especie diferente ante los ojos y la perspectiva de los demás. Claro, cada profesional se ve a sí mismo diferente de otras profesiones y uno mismo tiende a ver diferente a personas que tienen otras especialidades. Pero me refiero en particular a que como desarrollador cultivamos una especie de aura que nos hace creer que el mundo lleno de tecnología que nos rodea funciona gracias a nosotros.

Fue por lo tanto un cambio muy difícil de asimilar cuando me di cuenta que mis decisiones profesionales, si bien muy positivas en muchos aspectos, han tenido el efecto secundario de que hoy en día soy cualquier cosa menos un desarrollador. Si he de ser completamente honesto siempre creí que mi principal plus era poner sobre la mesa habilidades de programación que nadie más puede aportar en mi empresa. La mente del desarrollador siempre está maquinando formas de automatizar, formas de facilitar la vida de los demás al convertir algún proceso manual en una tarea que ahora se puede realizar en software. En realidad sólo estaríamos complicando, no facilitando.

En algún momento de los últimos dos años finalmente hizo clic algo en mi cabeza. Ya no soy desarrollador. Alguna que otra vez me toca actualizar alguna que otra herramienta que alguna vez creé cuando inicié en la empresa pero ocupa menos del 1% de mi tiempo. Es más, me he convertido en la persona que juré jamás ser: he llegado a disfrutar trabajar con Microsoft Excel.

Y al final del día todo está bien. La satisfacción que hace años obtenía con crear un software eficiente y que cumplía los requerimientos ahora la obtengo con llegar al final de la semana y ver en nuestra hoja de Excel compartida con los demás colaboradores que alcanzamos los hitos propuestos al inicio de la misma. No hace falta hablar, o en este caso, escribir complejos algoritmos en lenguajes súper especializados para sentirte orgulloso de tu trabajo.

Claro, esa satisfacción también la conozco y la extraño en ocasiones, pero he aprendido que mi propósito en esta vida ya no está amarrado a demostrar nada en función de código.