Al iniciar una carrera profesional en tecnología es común pecar de ingenuo y creer que nos espera un ascenso meteórico a las más altas esferas del conocimiento y los beneficios que eso conlleva. Lo se, yo estuve alguna vez en ese lugar y parecía una realidad alcanzable en un mediano plazo.

La vida sin embargo tiene la mala costumbre de olvidarse de nuestros sueños. Lo que parecía alcanzable en un inicio da lugar a meses, años de picar piedra y sin una luz al final del túnel que nos indique que nos estamos acercando a esa utopía que algún día imaginamos. Es entonces cuando nos enfrentamos a la fría y dura realidad de que esos sueños e ilusiones que alguna vez creímos que nos estaban predestinados están mucho más lejos de lo que parecen, y es allí donde empieza a nacer también una pequeña idea en nuestra mente: construir tu propio futuro.

Como cualquier trabajador promedio, pasé varios años creyendo que la vida eventualmente daría los giros necesarios que terminarían por colocarme en el lugar donde yo sentía que me correspondía estar. Me moví de un trabajo a otro tratando de mejorar mis posibilidades cuando en realidad lo único que estaba haciendo era empezar desde cero, limitando aún más mis posibilidades de un crecimiento real. Fue una época francamente frustrante, sin embargo también fue el caldo de cultivo para que mi mente empezara a considerar la idea que quizás el trabajo perfecto no existe, el trabajo perfecto quizás será posible sólo si te lo construyes tu mismo.

Hoy en día se fomenta y se anima al emprendimiento. Nos venden las historias de éxito de quienes dejaron todo atrás por emprender un sueño y se convirtieron en ejemplo a seguir para toda una generación como algo cotidiano, cuando en realidad son la excepción y no la regla del emprendimiento. Rara vez se menciona el escaso porcentaje de emprendedores que alcanzaron el éxito, y de ese pequeño porcentaje existe una segunda estadística aún más importante, la de aquellos que alcanzaron el éxito hasta el segundo, tercero o enésimo intento de emprendimiento.

Es por lo tanto un punto crítico entender que antes de poner la carta de renuncia en el escritorio de tu jefe necesitas considerar si cuentas con los recursos necesarios no sólo para invertir en tu negocio ideal, también necesitas considerar si cuentas con los recursos necesarios para sostenerte económicamente por un prolongado período de tiempo. Este es sin lugar a dudas el filtro que descarta a la gran mayoría de personas que tienen la intención de independizarse y convertirse en emprendedores exitosos.

Igual de importante es entender tus motivos detrás de querer emprender y dejarlo todo atrás para perseguir este sueño. La independencia económica es probablemente una de las primeras razones, seguida por el deseo de ser tu propio jefe. Lo que pocos te dicen es que convertirte en tu propio jefe tiene más responsabilidades (entiéndase desventajas) que beneficios. Cuando mentalmente dejas ir esa red de seguridad que representa tener un cheque asegurado al final de cada quincena empiezas a comprender lo que está en juego, y sin ánimo de desanimar a nadie, creo que la gran mayoría está mejor sin el estrés añadido que representa la incertidumbre si llegarás al siguiente fin de mes con lo estrictamente básico para sobrevivir.

Sin embargo el emprendimiento no se trata sólo de sobrevivir. Una vez tienes esa parte controlada viene la parte que nos interesa: emprender una idea relacionada al software. Mi experiencia personal aún no es una historia de éxito, sin embargo el camino recorrido hasta el momento me permite tener una perspectiva que puede ser útil para quienes se debaten entre dar ese salto de fe o quedarse en ese lugar que les proporciona seguridad.

Mi historia de emprendimiento se inició cuando hace algunos años renuncié a un trabajo que me daba seguridad y estabilidad económica, sin embargo carecía de satisfacción profesional. Tuve la fortuna de encontrar un trabajo que me permitía trabajar desde casa y con el paso del tiempo me di cuenta que esto me dejaba mucho tiempo libre, quizás demasiado tiempo libre para mi gusto. Pasados los primeros meses y con la novedad desvaneciéndose me di cuenta que pasar el día jugando videojuegos era divertido pero seguía con un vacío de satisfacción profesional. Fue entonces que decidí empezar a invertir mi tiempo en aprender cosas nuevas, expandir mi conocimiento a áreas de tecnología que quizás no tenían una aplicación inmediata en mi trabajo pero que podrían ser de utilidad. Llenar mi cabeza con todo este conocimiento nuevo me empezó a dar ideas y estas ideas con el tiempo fueron tomando forma de proyectos personales.

No pasó mucho tiempo antes de que otras personas a quienes les comentaba de estos proyectos personales tomaran un interés por explorarlos. Me di cuenta que estos proyectos podrían tener una aplicación allá afuera en el mundo real. Fue así como finalmente decidí considerar seriamente la idea de convertir mis proyectos personales en un intento serio de emprender una empresa propia de desarrollo de software. Para poder lograrlo aún dependía de mi trabajo remoto, sin embargo las cosas se fueron dando y pude encontrar un equilibrio entre ambos. 

 

Las lecciones por aprender

En ocasiones me he sorprendido a mi mismo pensando en que si hubiera sabido de antemano los retos a los que me exponía probablemente no estuviera en la posición en la que me encuentro. Es fácil asumir que las buenas intenciones y las ganas de salir adelante serán suficientes para soportar lo que venga, pero la realidad es que se requiere mucho más que eso para llevar adelante un reto de una magnitud considerable. 

Si eres de las pocas personas que tienen la capacidad de financiarse por sus propios medios tienes buena parte del camino recorrido. Por otro lado, si necesitas recurrir a inversionistas y socios capitalistas te verás repentinamente en la posición de que reemplazaste un jefe por otro, al final del día quienes ponen la plata que utilizas para llevar a cabo tu emprendimiento se convierten en las personas a quienes debes rendir cuentas.

No menos importante, cualquier empresa o negocio depende de clientes para subsistir. Hay pocas cosas en la vida más satisfactorias que ver tus primeros productos ver la luz del día, pero con esa satisfacción viene también otra dura realidad: te debes a tus clientes, y al final del día son también quienes traen la plata a tu negocio. Si no haces lo suficiente por mantenerlos satisfechos se irán a otro lado, poniendo en riesgo nuevamente tu subsistencia. Tus clientes por lo tanto se vuelven también en tus jefes, y quizás los más exigentes que vayas a tener en toda tu vida.

Si alguna vez creíste haberlo dado todo por un trabajo es porque probablemente nunca trabajaste para ti mismo. Especialmente al inicio sentirás que aún dando tu mejor esfuerzo la meta se queda muy lejos, y no porque no le estés echando las suficientes ganas o no seas lo suficientemente bueno, como cualquier otro trabajo te darás cuenta que como todo en esta vida la práctica es lo que te hace ser mejor, y tu empresa no será la excepción. Crear software es una disciplina que se va perfeccionando con los años, y por mucho que hayamos ganado experiencia durante largos años en otros lugares nada nos prepara para el nivel de exigencia de abrirte camino y hacerte de un nombre propio cuando nadie apuesta por ti.

Un largo camino por recorrer

Cuando inicié mis proyectos personales una de las sensaciones más placenteras fue el tener control creativo absoluto sobre todo lo que hacía. Desde que herramientas, lenguajes de programación y arquitectura de hardware utilizar hasta cómo liberar mis productos al cliente una vez estén listos para salir a la calle. Demostrarle a los demás que puedes cumplir con lo prometido es también una forma de demostrarte a ti mismo que puedes lograr lo que te propones. 

Sin embargo el camino no termina allí. No has hecho más que ganar una primera batalla en una larga guerra. Los negocios evolucionan, los clientes cambian, unos se van y otros vienen. A esto le sumas que vas encontrando mejores formas de desarrollar tus productos y de prestar tus servicios. Las lecciones y el aprendizaje nunca se detienen.

En este par de años recorriendo este camino he llegado a la temprana conclusión que construir software como un emprendimiento no es para cualquiera. Se requiere mucha fortaleza mental, mucha tolerancia a la crítica y a tener que regresar a la mesa de diseño cuantas veces sea necesario. Construir software lo puede hacer cualquier estudiante de segundo año de ingeniería en sistemas, sin embargo construir una relación duradera de confianza con tus clientes te puede tomar toda una vida. 

Si no estás preparado para estar constantemente en la línea de fuego entre el estrés de desarrollar productos complejos que tus clientes requieren y entregar un producto de calidad, buscarás una salida a las primeras de cambio y dejarás de lado tu sueño.