Cuidado con lo que aconsejas

Nuestras palabras y nuestra posición a veces tienen más poder del que imaginamos.

Cuidado con lo que aconsejas

Hace ya muchos años, durante mi primer semestre en la universidad, en uno de los primeros cursos de programación la catedrática realizó una dinámica de preguntarle a algunos de los presentes acerca de sus expectativas y visión a futuro acerca de la elección de carrera que habíamos hecho. Hasta acá todo normal, un ejercicio bastante mundano para romper el hielo supongo; sin embargo lo que hace que aún al día de hoy, más de 15 años después aún recuerde esta anécdota es que alguien respondió a la pregunta comentando que su pasión por los videojuegos le había inspirado a estudiar informática y su sueño era algún día convertirse en programador para dicha industria.

Lo que creo que nadie esperaba y a la fecha sigo recordando es la reacción de la catedrática. En vez de motivar y dar algún consejo que sirviera para encaminar en la dirección adecuada, se enfrascó en una especie de regaño hacia el compañero que había contestado de manera ingenua. El razonamiento era que por tratarse de un país de tercer mundo nuestra realidad es distinta a la de un país desarrollado, lo cual no voy a discutir; sin embargo la llamada de atención era que afuera de las paredes de la universidad la realidad era que la programación comercial que se vive en el día a día se limitaba (según ella) a aspirar a algún trabajo en la industria bancaria / contable / logística y cualquier aspiración más allá de ese horizonte era algo irresponsable e inalcanzable.

En ese momento me sentí incómodo como seguramente también se sintió el compañero a quien iba dirigido el regaño. A la fecha sigo creyendo que no había absolutamente nada erróneo con aspirar a desarrollar videojuegos aún si se tratase de alguien que viene de un trasfondo de país de tercer mundo. Si bien Guatemala no es ajeno ya al desarrollo de videojuegos a pesar de no estar ni remotamente cerca de ser un hub de desarrollo para dicha industria, hoy en día es posible con suficiente tiempo, dedicación y una cantidad razonable de terquedad tomar la ruta independiente y desarrollar tu propio juego. Existen plataformas digitales como Steam y Epic que son una vitrina para cientos, miles de desarrolladores independientes que han encontrado en dicho medio no sólo una forma de sustento sino un vehículo para cumplir esos sueños de la infancia / adolescencia de convertirse en un desarrollador de juegos.

También es una opción completamente viable el trabajar remotamente para un estudio grande de desarrollo, especialmente en este mundo post covid. Realmente esta opción no se limita únicamente a una industria, una de las pocas cosas positivas que ha dejado esta pandemia es que todas las industrias se han visto en el dilema de adoptar (forcivoluntariamente) el esquema de trabajo remoto como una necesidad para sobrevivir en este confuso presente que vivimos.

Siendo justos, es mucho más fácil verlo en retrospectiva que intentar predecirlo hace tantos años atrás. Todo parece muy lógico y hasta fácil cuando miramos hacia atrás pero es imposible si lo intentamos hacer hacia el futuro. Una actitud como la que estoy describiendo en esta anécdota me recuerda a mí mismo ya entrado en años, con la carga de las responsabilidades adultas y la lucha del día a día es fácil perder de vista que quienes vienen empezando traen sueños e ilusiones que nos parecen absurdos a quienes tenemos una imágen del mundo ya formada en nuestra cabeza. Es fácil hacer de menos las ideas y motivaciones de quienes aún no han pasado por las mismas frustraciones, decepciones y demás que todos los que ya llevamos años en el mundo laboral hemos experimentado de alguna u otra forma.

Más fácil decirlo que hacerlo: si alguna vez nos encontramos en la posición de escuchar a alguien que tiene una idea acerca de lo que le gustaría hacer en el futuro o hacia donde desea encaminar su futuro profesional, escuchemos y aportemos en vez de destruir. La experiencia propia definitivamente nos ayuda a compartir nuestra perspectiva a quien aún no sabe el largo camino que le espera, pero no sabemos si esa idea descabellada o con aparentemente poco potencial resulte ser una decisión adecuada muchos años después, o sencillamente sirva como pivote para algo más.

A decir verdad, no se que habrá sucedido con el compañero que recibió ese regaño. No se si terminó laborando para alguna institución bancaria o un ente gubernamental y abandonó su sueño de programar videojuegos. Nuestras palabras y nuestra posición a veces tienen más poder del que imaginamos.