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Y se adueña de un mal pase…

Estos días he tenido un poco más de tiempo libre de lo habitual, y no es de extrañarse; todos estamos actualmente confinados a un encierro semi-voluntario a causa de los estragos que está causando la pandemia del Covid-19. Si bien tengo años de trabajar desde casa, tener una esposa y un hijo al que pareciera que nunca se le acaba la energía es sinónimo de casi nunca tener tempo libre por increíble que parezca.

A causa del inesperado toque de queda finalmente he tenido un par de horas libres y desde hacía mucho tiempo que quería escribir una reseña acerca de uno de las series que marcaron mi juventud: Pro Evolution Soccer. Varias veces inicié a escribir reseñas llenas de nostalgia y elogios para una serie que hace ya década y media fue quizás un descubrimiento fortuito pero muy oportuno para ocupar decenas de horas libres que tenía durante mis años de universidad. A lo largo de los años me había visto expuesto a otro gigante del género: FIFA. Sin embargo el problema con FIFA siempre fue que se asumía que si te gustaba el deporte y adicionalmente te gustaban los videojuegos eventualmente ibas a terminar siendo un fanboy de FIFA, lo cual fue cierto por muchos años hasta que un día en casa de un conocido de estudios fui introducido por azares del destino al glorioso PES. FIFA en este punto se convierte ya en todo imagen y cero sustancia.

No fue necesario mucho convencimiento, lo único que se necesitaba era una mente deseosa de encontrar un título que requiriera horas de concentración y partido tras partido de práctica para ir encontrando esas pequeñas victorias que te acercaran cada vez más a un mejor entendimiento de cómo vencer a la máquina. PES tiene una forma particular de hacerte sentir que la falta de licencias y los menús poco pulidos pasen a segundo plano y te atrape su atención al detalle dentro de la cancha. Nada más importa, nada más puede convencerte una vez empiezas a creer que este juego es la mejor representación jamás hecha de la esencia del deporte en su más pura expresión. Pasé cientos de horas en mi dormitorio experimentando miles de formaciones, comprando y vendiendo jugadores hasta que finalmente fui domando a la máquina y sintiendo que me volvía más eficiente y natural en mi forma de vencer a la programación de la máquina. Llegué a sentir que la dificultad máxima ofrecida por el juego era cosa de niños, incluso en la dificultad oculta de 6 estrellas (una más que la aparentemente máxima de 5). Había llegado a sentirme retado y haber vencido un pedazo de software, lo cual me causaba un orgullo que no podía dejar de ocultar con mis compañeros de universidad que casualmente también jugaban el mismo título.

Fueron varios años de intoxicante diversión con una serie que marcó quizás mis mejores años de juventud, años en los que casualmente también conocí a mi futura esposa y en los que disfrutar cosas tan mundanas como la música popular eran tan sencillo como poner la radio y perderte en el significado de las letras y soñar despierto con los más mínmos detalles que ibas encontrando en todo lo que hacías. Eran tiempos mas fáciles, tiempos que hoy en día, en este mundo de pánico e incertidumbre nos parecen tan lejanos…

La nostalgia es un espejismo

Regresando al punto inicial, estar en medio de una pandemia no es juego de niños. Sin embargo se agradece el tiempo libre que se tiene mientras se guarda el toque de queda decretado por el gobierno de la república. Es en este contexto en el que me vi con la oportunidad de revivir viejas glorias.

Mis años de universidad transcurrieron mientras jugaba al Pro Evolution 4 y luego cuando estuvo disponible, el 5. Desde esos tiempos mucho ha cambiado y de mi Xbox de primera generación y las copias de dichos juegos queda únicamente el recuerdo. Muchos años después llegó a mi posesión un PS2 slim y aún mucho tiempo después una copia de Winning Eleven 7, lo cual viene siendo el equivalente al Pro Evolution Soccer 3. No es lo mismo pero queda bastante cerca supongo, sin embargo nunca conté con el tiempo de sentarme a jugar más de uno o dos partidos consecutivos y siempre en el fondo de mi cabeza estaba la idea de dedicarle el tiempo suficiente para revivir viejas glorias y sentir de nuevo esa sensación de habilidad y sofisticación que aún recuerdo de esas épocas de antaño en las que podía golear a la máquina sin despeinarme aún en la dificultad máxima.

Luego de un par de horas de frustración finalmente tuve la epifanía que no sabía que estaba buscando. Los recuerdos a veces es mejor dejarlos donde están.

La narración ibérica que viene con el WE7 se vuelve repetitiva luego de 20 minutos y escuchar una y otra vez la misma frase, se adueña de un mal pase, me empezó a parecer una broma de mal gusto tomando en cuenta que lo escuchaba luego de la enésima vez que el rival ganaba la posesión luego de que mi pase salía en la dirección completamente opuesta a donde estaba apuntando. No se si años de jugar títulos más recientes y controles más refinados, o haberme olvidado por completo de lo robótico que me parece hoy en día el tiempo de respuesta o los movimientos de los jugadores, o una combinación de todo lo anterior que me hizo sentir que debía detenerme y dejar el recuerdo que aún tengo de esta serie intacto. Apagué el PS2 y decidí mejor tomar mi computadora y escribir esta reseña. No valía la pena ensuciar el recuerdo que tengo por esta serie y el contexto en el que se quedó grabado como una de las piezas de software que más han marcado mi vida por un par de horas de ocio que tengo hoy en día, hoy que las circunstancias han cambiado y empiezo finalmente a entender que la nostalgia es un espejismo y probablemente traer cosas del pasado para intentar revivir esas memorias harán que pierdan su magia.

Con suficiente tiempo y mucha dedicación probablemente podría llegar a un nivel similar de proficiencia en estos títulos, no lo dudo. Pero el contexto no sería el mismo y estaría siempre persiguiendo un recuerdo y una época que ya no están ahí. Los recuerdos es mejor dejarlos intactos. Gracias Covid-19, no por los estragos que estás causando en el mundo en estos momentos, sino por haberme provisto del tiempo para darme cuenta que debo dejar de perseguir glorias del pasado.

Published inVideojuegos