Durante muchos años escuché a la gente decir que las primeras horas de la mañana son las más productivas. También he leído de varias fuentes que uno de los hábitos comunes entre las personas más exitosas es que usualmente es gente que madruga para aprovechar al máximo cada día.

Cuando empecé con esto del home-office y me vi repentinamente con la oportunidad de administrar mi tiempo de la manera que mejor me pareciera, tengo que reconocer que los primeros meses hice lo que cualquier asalariado cansado del tráfico citadino haría: dormir hasta tarde todos los días. Y no me arrepiento, se sintió bien y me permitió reponer muchos años de madrugar para pasar horas improductivas detenido en el parqueo gigante en el que se convierten todas las calles de la Ciudad de Guatemala.

Nuestras mejores horas se desperdician acá
Nuestras mejores horas se desperdician acá

Habiendo dormido suficiente y superado el trauma de todo el tiempo perdido en el tráfico a lo largo de los años surgió un estímulo creativo que dio paso a una curiosa necesidad de aprovechar la mayor cantidad de horas laborables del día. No fue de la noche a la mañana pero puedo asegurar que eventualmente la jornada de 8am a 5pm no fue suficiente y por primera vez en toda mi vida puedo decir que me despierto a las 5.30am por voluntad propia y lo hago con el mejor humor que recuerdo en años. No se trata de una agonía por rascar unos últimos 5 minutos al despertador y salir arrastrándome a pasar horas interminables en medio de conductores cansados y malhumorados, se trata más bien de un estímulo creativo de continuar lo que dejé a medias el día anterior.

Uno de los detalles que menos se mencionan de trabajar desde tan temprano es la calma y tranquilidad que predomina a esas horas. El silencio y todavía oscuridad de esa hora es perfecto para realizar tareas que requieren de una concentración profunda o sencillamente estudiar. Y eso es precisamente la gran tragedia de todo este asunto: si pudiéramos lograr que toda persona en edad productiva tuviera la claridad y el tiempo disponible a esa hora para realizar las tareas más complicadas e intelectualmente complejas estoy seguro que la historia fuera otra; en cambio tenemos a gente estresada, que madruga para llegar a dormir al parqueo de su oficina mientras llega la hora de entrada porque de lo contrario llega 2 horas tarde.

¿Significa esto que quienes no trabajan desde su casa no tienen otra alternativa? No lo creo, siempre existen oportunidades de convertir una situación desafortunada en una ventaja a nuestro favor. En los últimos años que pasé conmutando me di a la tarea de encontrar formas de convertir esas horas muertas en horas productivas: podcasts. Los podcasts son una herramienta muy buena para aprender cosas nuevas, ponerse al día con temas que nos interesan y nos ayudan a avanzar personal o profesionalmente. Usualmente mantenía varios episodios de mis podcasts favoritos descargados para ir escuchando siempre en mi vehículo, llegando al punto incluso de desear que llegara el momento de salir al tráfico para continuar escuchando el episodio donde me había quedado la última vez. Fue una gran ayuda durante ese tiempo y de cierta manera me sirvió para sentir que no estaba perdiendo mi tiempo del todo.

Para quienes no poseen vehículo propio y deben utilizar transporte público incluso existe la opción de algo que hasta parece old school: leer. Durante mis primeros años de universidad no poseía vehículo y debía movilizarme utilizando el impopular servicio de transporte público de la Ciudad de Guatemala y una de mis formas favoritas de matar el aburrimiento era con libros de ciencia ficción. Largas jornadas de tráfico eran más llevaderas con clásicos de Arthur C. Clarke e Isaac Asimov.

La lectura sigue siendo una de las mejores formas de aprovechar tiempos muertos

Evidentemente no estamos a las puertas de un cambio radical que nos permita como sociedad aprovechar de mejor manera el capital intelecutal que poseemos. Seguiremos perdiendo incontables horas productivas por problemas que van más allá de lo que la mayoría podemos siquiera comprender. Queda en cada uno la determinación de hacer el mejor uso del poco tiempo que nos queda disponible.