Nunca había tenido la oportunidad de viajar en meses consecutivos durante la época de frío, lo único que puedo asegurar con total seguridad es que Georgia (y probablemente buena parte del sureste americano) es un lugar de extremos, no hay puntos intermedios. Cuando es época de calor se siente como estar dentro de un horno y cuando hay frío es como estar en el congelador. Creí que Diciembre había sido lo suficientemente frío pero Enero ha demostrado ser aún más frío para mi sorpresa.

El sur de Estados Unidos para los no iniciados es tradicionalmente representado por estereotipos que poco o nada tienen que ver con la realidad. En la realidad me he encontrado con un pueblo americano muy trabajador y orgulloso de lo que hace pero que al mismo tiempo te recibe con los brazos abiertos y se esmera en hacerte sentir bienvenido.

Sin embargo algo que he llegado a apreciar es la tranquilidad y belleza natural una vez removemos de la ecuación el calor infernal que usualmente es asociado con esta región. Al no existir esa necesidad de buscar refugio en el aire acondicionado debido al calor es que finalmente empiezan a surgir escenas de tranquilidad y quietud.

Una de las cosas que aún me asombra es la marcada diferencia entre el poder adquisitivo de una empresa americana con su contraparte guatemalteca. Durante mis casi 15 años de laborar para empresas locales llegué a acostumbrarme a que no existe presupuesto para básicamente nada. Muchos de los problemas y limitaciones que se tienen usualmente tienen como raíz que se busca aliviar los problemas con soluciones gratis que se encuentran en internet o intentar jugarle la vuelta a un problema con tal de no pagar un servicio adecuado. Terminamos complicándonos la vida y gastando más horas-hombre intentando solucionar el problema que lo que realmente nos costaría si sencillamente dedicáramos el presupuesto para dichos fines.

Lo anterior lo digo porque parte de mis tareas en estos viajes es jugar con herramientas que en cualquier empresa de nuestras latitudes sería algo trivial y algo en lo que no se puede gastar ni un centavo. Acá sin embargo se gasta el equivalente a varios salarios mínimos nuestros en juguetes triviales, algo que no me molesta en lo absoluto pero si me sirve para poner en perspectiva como acá se nos va la vida en subsistir con lo absolutamente necesario mientras en otras realidades las posibilidades son tan lejanas y distintas a las nuestras.

Y por supuesto no puedo ir a ningún rincón del planeta donde no me encuentre rodeado de mis siempre eternos amigos caninos. Roger se ha convertido en uno de mis anfitriones preferidos.

Y para finalizar, el encontrarme viajando de manera constante ha despertado mi interés y curiosidad por la industria aérea. Tengo una particular fascinación por los Boeing 757. The flying pencil.