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Acerca de videojuegos y las responsabilidades de la edad adulta

Llega un momento en la vida en que las responsabilidades aumentan y los momentos de ocio y tranquilidad se cuentan a gotas. La edad media es una mezcla de razones para sentirse orgulloso y de añoranzas por otros tiempos cuando las penas eran otras y el tiempo libre era sustancioso.

Con el pasar de los años he llegado a extrañar las largas jornadas que le dedicaba a uno de mis pasatiempos de toda la vida: los videojuegos. No es ningún secreto que con la llegada de una familia los esfuerzos se deben redoblar para asegurar el sustento y bienestar de los tuyos, esto es ley de vida. Este enfoque se vuelve el motor que le da impulso a todo lo que haces y cuando te llegas a dar cuenta los años empiezan a pasar y muchas cosas que antes dabas por sentado no son más que recuerdos y glorias pasadas. Los videojuegos no han sido la excepción en mi caso.

Siempre he tenido una personalidad perfeccionista, que irónicamente hace que deje muchas cosas sin terminar. Si siento que algo no está saliendo al estándar que deseo sencillamente dejo de hacerlo. Esta forma de pensar ha permeado incluso mi forma de abordar un pasatiempo como los videojuegos, y con la llegada de una etapa de madurez y de responsabilidad como la que estoy viviendo actualmente hace que al percibir que mi tiempo es extremadamente limitado y que no tendré la oportunidad de explorar y completar cada juego como solía hacerlo decida sencillamente abandonar cualquier intención de empezar. Es irónico, lo se.

Lo que hasta hace algunos años fuera una creciente colección hoy en día ocupa un discreto rincón olvidado en mi oficina

Pasé unos años asumiendo que sencillamente ya soy un adulto y no hay espacio en la vida de un adulto para pasatiempos infantiles. Sin embargo he llegado a entender que los pasatiempos y distractores juegan un rol muy importante como vía de escape para el estrés en el que nos envuelve el trabajo y las responsabilidades. Hacerlos a un lado producen un efecto contraproducente. Una vez llegué a aceptar que es aceptable y hasta necesario, el siguiente reto fue encontrar una estrategia que me permitiera retomar mi viejo pasatiempo de tal manera que encajara con mi limitadísimo tiempo.

Una de las líneas de pensamiento que me impedían encontrar el balance perfecto era que siempre razonaba que si no tenía por lo menos una cierta cantidad de horas disponibles al día / semana no valía la pena iniciar nada. Esto fue lo que por muchos años me detuvo. Una vez empecé a cuestionar este razonamiento decidí que iba a aprovechar cada momento libre que tuviera, por pequeño que fuera para tomar algún juego que me interesara y aprovecharlo al máximo. Algunas veces eran 10 minutos, otras veces 30 minutos y en raras ocasiones más de una hora. Si mi presencia o atención eran requeridos en otro lado, sencillamente ponía el control abajo y me alejaba con la tranquilidad de que por pequeño que haya sido el lapso que pude prestarle a esa actividad que me desconecta y relaja fue mejor a no haberle dedicado ningún momento en absoluto.

Con el pasar de las semanas me di cuenta que esos pequeños momentos se iban acumulando y sin tener que poner mi mundo y existencia en pausa para poder dedicarle tiempo a esa actividad, estaba logrando un progreso significativo. No estoy rompiendo records ni siendo tan prolífico como alguna vez lo fui, no estoy concluyendo 10 juegos por mes ni comprando nuevos juegos (tema para otro día) pero he logrado satisfacer esa necesidad de distracción específica que por mucho tiempo traje en el fondo de mi mente. En mi caso fue retomar algo como jugar a los videojuegos, pero firmemente creo que esto aplica para cualquier otro pasatiempo: leer un libro, salir a correr, pintar, etc.

No es necesario hacer una reingeniería a nuestra rutina ni dejar de atender otras necesidades. Basta con identificar esos pequeños momentos, por insignificantes que parezcan y en vez de scrollear como zombie sin propósito en las redes sociales podemos invertir ese tiempo en alguna actividad que nos llene de satisfacción.

Published inOpiniónVideojuegos