De las pocas veces que por razones extraordinarias me veo en la necesidad de salir de casa en horas pico (cosa que podría considerarse casi todo el día en Ciudad de Guatemala) termino irremediablemente recordando lo afortunado que soy de llevar ya un par de años dedicándome a lo que hago sin tener que sailr de casa. Y es que a inicios del 2016 que fue cuando se presentó la oportunidad de dejar mi trabajo de ese entonces por uno con esta novedosa modalidad todavía era poco común escuchar que existían tales oportunidades ya en nuestro medio.

Debo aclarar que la empresa que me dio la oportunidad de trabajar en esta modalidad no es guatemalteca, se encuentra al otro lado del mundo, en pleno medio oriente. Y si bien al inicio la preocupación era más por cómo iba a llegar mi cheque a final de mes, poco a poco la novedad y preocupaciones de pasar de un trabajo tradicional a un trabajo desde casa pasaron a ser la norma y no la excepción. Es por eso que me he decidido comentar acerca de mi experiencia y consejos para quienes ven la posibilidad de cambiar el tráfico citadino por un par de horas más de sueño o quizás librarse de un poco del estrés que representa movilizarse en una metrópoli con serios problemas de transporte como lo es nuestra atormentada Guatemala.

Cambio de paradigmas

Venir de más de una década de experiencia en empresas grandes con más de 5,000 empleados a estar todo el día en casa sin alguien que esté vigilándote todo el tiempo de alguna u otra manera es quizás el cambio de paradigma más grande. Cuando eres un número, meramente una estadística más en la planilla de una empresa mediana a grande es normal tener que adaptarte a rigurosos y tediosos mecanismos de control para justificar el desembolso de tu quincena o fin de mes. Desde marcar entrada y salida hasta llenar reportes de actividades diarias que no hacen más que convertirse en un estorbo en las pocas horas productivas aprovechables en una semana, son parte de esa cultura organizacional que desafortunadamente tenemos que soportar.

En mi situación muy personal, la razón que me orilló a tomar este cambio tan radical sin embargo es una razón que aqueja a muchas personas todos los días: el tráfico. Vivir al sur de la Ciudad de Guatemala y tener que movilizarme todos los días al extremo norte representaba un tiempo de movilización de entre hora y media a dos horas si todo salía bien. Eso había que multiplicarlo por dos para hacer el viaje redondo, lo que representaba al final un promedio de 20 horas semanales en el tráfico o lo que es igual, más de 40 días al año desperdiciados en movilizarme de un lugar a otro. Empezó a afectarme de tal forma que mis niveles de estrés empezaron a ser un problema de la misma forma que estoy seguro que muchas personas se encuentran día con día sin una salida en el horizonte.

Dejando de lado el golpe de suerte que representó encontrar en ese momento justo un trabajo que me permitiera finalmente despedirme del calvario diario del tráfico, un trabajo remoto no supone únicamente decirle adiós a ese desafortunado aspecto de la vida laboral. También supuso una serie de retos que difícilmente había considerado hasta que ya me encontré en esta situación.

No todo es dormir hasta tarde

Trabajar remoto no se resume a poder dormir un par de horas adicionales cada día. Es quizás la parte que más ansiamos cuando iniciamos una aventura de este tipo, pero difícilmente es el aspecto más importante. 

Uno de los primeros choques que tuve conmigo mismo fue la administración del tiempo. Es fácil creer que vas a tener tiempo para finalmente ver toda la temporada completa de la Champions League y tomar una siesta larga todas las tardes cuando la realidad es que es extremadamente fácil perder el enfoque y el control de tu tiempo si le das prioridad a las distracciones que tienes al alcance de tu mano. Estar en casa es una enorme bendición en muchos sentidos, sin embargo el riesgo a distraerte y ocupar tu tiempo en actividades ajenas al trabajo están a la orden del día. He de decir que el riesgo se va reduciendo conforme pasa el tiempo, pero no deja de existir.

La forma más sencilla de administrar de forma adecuada el tiempo es mentalizarte que si bien estás en casa y el entorno es más relajado que una oficina no por ello deja de ser un trabajo. Admito que en ocasiones he trabajado la mitad de la jornada en pijama pero son de esos pequeños placeres que esta modalidad permite.

Mantener una rutina

Una de las imágenes más equivocadas que existen acerca del trabajo remoto es la del freelancer que pasa todos los días trabajando en un Starbucks. La realidad es que salvo excepciones muy particulares el grueso de tu trabajo lo realizarás siempre en casa, es por lo tanto indispensable contar con un espacio dedicado para dicho fin. Llámalo tu oficina en casa, tu espacio privado, tu cueva; lo importante es que tengas un lugar adecuado donde puedas pasar largas jornadas de forma cómoda pero que te permite mantenerte concentrado. 

Igual de importante es que te vayas adecuando a las mismas horas todos los días. Habrán ocasiones en que tendrás que hacer alguna jornada maratónica y tienes el beneficio de levantarte un poco más tarde el día siguiente, sin embargo la rutina de iniciar siempre a la misma hora y de igual forma terminar siempre a la misma hora te permitirá mantener un mejor equilibrio entre trabajo y familia. Y es que la línea entre trabajo y familia se empieza a perder un poco de vista si no tienes el cuidado de mantener una separación clara entre tu tiempo de trabajo y el tiempo que le dedicas a tu familia, o si eres soltero, el tiempo que te dedicas a ti mismo.

Algo que nadie me advirtió y que puede ser un poco delicado de tratar es el tema de hacer entender a tu círculo cercano que si bien trabajas en casa, no estás todo el día disponible para visitas sorpresa o bien para socializar en cualquier momento. Debes transmitir la urgencia de mantener tu horario de trabajo sin interrupciones y con el debido respeto de los demás hacia tu tiempo. 

No es para todos

El cliché de la tecnología y los nerds introvertidos es producto de los estereotipos masificados por series como The Big Bang Theory. Si bien no todos somos especímenes que no se saben comportar en sociedad, algo de cierto hay en que nos adaptamos muy bien a entornos de trabajo poco convencionales para ciertos estándares. Trabajar remotamente es algo que es sorprendentemente fácil para quienes nos dedicamos a temas relacionados con tecnología, y estoy seguro que existe una larga lista de profesiones que se pueden adaptar igual de bien, si no es que mejor.

Es importante que cualquiera que esté interesado en un trabajo a distancia tome en consideración las cosas a las que tiene que renunciar: interacción cara a cara con compañeros de trabajo, reuniones presenciales (existen las llamadas de Slack o bien Skype para los menos afortunados), contacto directo con clientes, proveedores y demás. Para muchos de nosotros esto es precisamente una de las ventajas de este trabajo, pero conozco casos muy particulares de personas que se asfixian en un entorno privado y silencioso como lo puede ser tu propia casa. Esas personas que dependen de sentirse en movimiento y en constante interacción con el mundo exterior serán los primeros en salir huyendo de una modalidad de trabajo remota.

Una necesidad

Siempre existirán trabajos que por su misma naturaleza no permiten un esquema de trabajo remoto, sin embargo cada día es más evidente que un buen porcentaje de los trabajos tradicionales pueden ser fácilmente ejecutados a distancia. Existe una barrera cultural que aún nos impide confiar en que las personas se desmpeñarán con honestidad y cabalidad si no los estamos vigilando constantemente, y es algo que desafortunadamente quizás nunca superemos del todo.

Conforme la tecnología se vuelva más accesible y entendible tanto para empleadores como empleados será más fácil ver una gradual adopción de un esquema que acarrea muchísimos más beneficios que problemas. Quizás nos lleve algunas décadas aún en alcanzar la utopía de trabajar desde literalmente cualquier parte del mundo, pero no veo otro camino más adecuado para permitir que las personas alcancen su máximo potencial y al mismo tiempo lleven vidas plenas.